En las casas donde hay niños, hay muchas experiencias mágicas y muchas ilusiones. Uno de los cuentos, que más tradición tiene en España, es sobre un pequeño personaje que atesora una colección muy especial. Si estás a punto de perder un diente, hay que ir preparando la visita del ratoncito Pérez.

puerta raton perez

 

Desde que empieza a moverse uno de los dientes de leche, empiezan los nervios y la intriga. Esa ilusión puede alimentarse con unos preparativos previos. Montar un escenario especial para que Pérez se sienta cómodo y se lleve un buen recuerdo de su visita.

Por eso, no hay que dejar escapar la oportunidad de colocar una puerta para que pueda entrar en la habitación del pequeño. Pérez sabrá cómo llegar hasta ella y tiene la llave para poder entrar en casa sin hacer ruido y sin molestar durante la noche. Estas puertas las fabrican en Oui Oui con mucho cariño. María estará encantada de atenderte y explicarte como puedes personalizar tu auténtica puerta del ratoncito Pérez fabricada en España, para que en casa sea de lo más especial.

puerta raton perez

 

Y, además de esta puerta. Para participar más activamente en los preparativos de la visita. En este post, he preparado un imprimible con el fin de dejarle una nota a Pérez y guardar un recuerdo de su visita. El ambiente estará listo para su llegada. Y lo tienes en dos colores para elegir!

Recorta la nota y el certificado. Rellena sinceramente la nota y pega el diente en el círculo, con un trozo de tira adhesiva será suficiente. Pérez te dejará a cambio el certificado completo. Con la etiqueta, puedes cerrar una bolsita de queso, por si le apetece llevárselo para el camino de vuelta. Corta unos trozos pequeños, creo que el queso semicurado de cabra es su favorito. Envuelve con poco de film y grapa la etiqueta doblada por la mitad. Ya tienes el kit para Pérez listo!

ratonperezimprimible

 

Para realizar este imprimible, sentía mucha curiosidad por conocer las inquietudes de Pérez. Quería saber qué le llevó a buscar dientes pequeños por las casas y qué hace con ellos después. Me he puesto a buscar en Google y me he encontrado con este cuento, que me gustaría que leyeras, la auténtica historia de Pepito Pérez ;)

Pepito Pérez era un pequeño ratoncito de ciudad. Vivía con su familia en un agujerito de la pared de un edificio. El agujero no era muy grande pero era muy cómodo, y allí no les faltaba la comida. Vivían junto a una panadería, por las noches él y su padre iban a coger harina y todo lo que encontraban para comer.

Un día Pepito escuchó un gran alboroto en el piso de arriba. Y como ratón curioso que era trepó y trepó por las cañerías hasta llegar a la primera planta. Allí vio un montón de aparatos, sillones, flores, cuadros…, parecía que alguien se iba a instalar allí.

Al día siguiente Pepito volvió a subir a ver qué era todo aquello, y descubrió algo que le gustó muchísimo. En el piso de arriba habían puesto una clínica dental.

A partir de entonces todos los días subía a mirar todo lo que hacía el doctor José Mª. Miraba y aprendía, volvía a mirar y apuntaba todo lo que podía en una pequeña libreta de cartón.

Después practicaba con su familia lo que sabía. A su madre le limpió muy bien los dientes, a su hermanita le curó un dolor de muelas con un poquito de medicina… Y así fue como el ratoncito Pérez se fue haciendo famoso.

Venían ratones de todas partes para que los curara. Ratones de campo con una bolsita llena de comida para él, ratones de ciudad con sombrero y bastón, ratones pequeños, grandes, gordos, flacos… Todos querían que el ratoncito Pérez les arreglara la boca.

Pero entonces empezaron a venir ratones ancianos con un problema más grande. No tenían dientes y querían comer turrón, nueces, almendras, y todo lo que no podían comer desde que eran jóvenes. El ratoncito Pérez pensó y pensó cómo podía ayudar a estos ratones que confiaban en él.

Y, como casi siempre que tenía una duda, subió a la clínica dental a mirar. Allí vio como el doctor José Mª le ponía unos dientes estupendos a un anciano. Esos dientes no eran de personas, los hacían en una gran fábrica para los dentistas. Pero esos dientes, eran enormes y no le servían a él para nada.

Entonces, cuando ya se iba a ir a su casa sin encontrar la solución, apareció en la clínica un niño con su mamá. El niño quería que el doctor le quitara un diente de leche para que le saliera rápido el diente fuerte y grande.

El doctor se lo quitó y se lo dio de recuerdo. El ratoncito Pérez encontró la solución: ‘Iré a la casa de ese niño y le compraré el diente’, pensó. Lo siguió por toda la ciudad y cuando por fin llegó a la casa, se encontró con un enorme gato y no pudo entrar.

El ratoncito Pérez se esperó a que todos se durmieran y entonces entró a la habitación del niño. El niño se había dormido mirando y mirando su diente, y lo había puesto debajo de su almohada.

Al pobre ratoncito Pérez le costó mucho encontrar el diente, pero al fin lo encontró y le dejó al niño un bonito regalo. A la mañana siguiente el niño vio el regalo y se puso contentísimo y se lo contó a todos sus amigos del colegio.

Y a partir de ese día, todos los niños dejan sus dientes de leche debajo de la almohada. Y el ratoncito Pérez los recoge y les deja a cambio un bonito regalo. Y colorín colorado este cuento se ha acabado.

FIN

Este cuento lo envió María Dolores Roca (www.ortoclinic.com) a GuiaInfantil.com

Seguro que este cuento, te ha gustado igual que a mí. Y, ahora, la llegada del ratoncito todavía hace más ilusión. Por eso, se merece que le deje unos trozos de queso, así repondrá fuerzas para el viaje de vuelta cargado con el diente. Además, si dejamos la nota completada con sinceridad, él responderá muy amablemente con su certificado original por el diente que le entregamos.

ratonperezgracias

 

¿Ya notas que se va a caer el diente? Descarga el imprimible para dejar lista la visita. Está preparado para que el ratoncito pueda cargar con todo y consiga que los ratones ancianos vuelvan a comer turrón, nueces, almendras…

 

Si tienes otras tradiciones en casa igual de mágicas e ilusionantes, me encantará leerlas en los comentarios. ¿Me las cuentas?

 

 

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